¿Puede una actividad de team building cambiar la forma de trabajar de un equipo?
¿Y si el problema no fuera la falta de team building, sino lo que ocurre en la organización los otros 364 días del año?
¿Y si el problema no fuera la falta de team building, sino lo que ocurre en la organización los otros 364 días del año?
Hace poco vi Gracias, equipo, una comedia de Netflix, y no pude evitar verla con ojos de facilitadora.
La película es bastante disparatada, pero entre risas aparecen situaciones que tienen mucho que ver con lo que ocurre en las organizaciones: una gerente que juega con las personas desde su posición de poder, departamentos que compiten entre sí, conflictos, egos e inseguridades…
Y, en medio de todo ese panorama, ¡un retiro de team building para unir al equipo!
La película exagera, claro. Pero me dejó pensando en algunas cuestiones.
¿SON LAS PERSONAS EL PROBLEMA O ES EL CONTEXTO EN EL QUE TRABAJAN?
A menudo hablamos de los problemas de los equipos como si fueran responsabilidad exclusiva de las personas.
Que si no colaboran, que si no se comunican, que si cada departamento va a lo suyo…
Pero ¿qué está provocando esos comportamientos?
No podemos pedir colaboración cuando la organización fomenta la competición interna. Ni pretender construir confianza cuando el día a día está marcado por el miedo o la incertidumbre.
Los equipos no funcionan al margen de la cultura en la que trabajan. Su forma de relacionarse depende también de cómo se ejerce el liderazgo, cómo se toman las decisiones y qué comportamientos se permiten.
Por eso, antes de preguntarnos qué les pasa a las personas, quizá deberíamos mirar qué está ocurriendo a su alrededor.
FACILITAR NO ES SIMPLEMENTE ORGANIZAR ACTIVIDADES
Hay otro detalle de la película que me hizo reflexionar.
La responsable de Recursos Humanos y la gerente organizan el retiro y contratan a un actor para dinamizar las actividades.
Él hace lo que le han encargado. Pero ¿quién se responsabiliza de las consecuencias de lo que ocurre allí.
Como facilitadora, esta pregunta me parece especialmente importante.
En Manahmana no nos limitamos a organizar dinámicas. Diseñamos espacios donde los equipos puedan conversar, abordar sus dificultades y buscar nuevas formas de trabajar juntos.
Y eso implica cuidar cómo se plantean las actividades, qué preguntas se hacen y cómo se gestionan las tensiones que puedan surgir.
Porque una dinámica mal planteada puede exponer innecesariamente a las personas o incluso agravar un conflicto.
Nuestra responsabilidad no es solo con quien nos contrata, sino también con las personas que participan. Y, a veces, eso significa cuestionar lo que nos están pidiendo.
¿QUÉ PUEDE APORTAR REALMENTE UNA JORNADA DE TEAM BUILDING?
Una actividad de team building puede ser divertida, ayudar a conocerse mejor y generar buenos momentos compartidos.
Y eso también tiene valor.
Pero construir un equipo va mucho más allá de compartir una experiencia puntual.
Un encuentro bien diseñado puede abrir conversaciones importantes, ayudar a abordar dificultades y generar acuerdos sobre cómo queremos trabajar juntos.
La cuestión es qué ocurre después.
Porque si al día siguiente volvemos a las mismas dinámicas, los mismos conflictos y las mismas formas de relacionarnos, difícilmente habrá cambiado algo.
Quizá, antes de organizar una actividad para unir al equipo, deberíamos hacernos otra pregunta:
¿Qué necesitamos cambiar en nuestra forma de trabajar para que la colaboración sea posible también los otros 364 días del año?
Y si no habéis visto Gracias, equipo, os la recomiendo. A mí me ha dado para unas cuantas risas y otras tantas reflexiones. ¡Y eso que me había sentado a ver una comedia para desconectar del trabajo!
Te dejo el trailer aquí.