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La cultura organizacional también está en las pequeñas cosas

Cuando hablamos de cultura organizacional, es fácil pensar en grandes conceptos: los valores de una empresa, su propósito, su misión o aquello que dice que quiere ser.




Cuando hablamos de cultura organizacional, es fácil pensar en grandes conceptos: los valores de una empresa, su propósito, su misión o aquello que dice que quiere ser.

Pero la cultura también está en cosas mucho más pequeñas.

Por ejemplo, en empezar todas las reuniones diez minutos tarde.

¿QUÉ ES LA CULTURA ORGANIZACIONAL?

La cultura organizacional es el conjunto de comportamientos, hábitos, normas —también las no escritas— y formas de relacionarse que definen cómo funciona una organización en su día a día.

Está en cómo se toman las decisiones, cómo se afrontan los conflictos, cómo circula la información o qué ocurre cuando alguien comete un error.

Y muchas veces no hace falta que nadie nos explique cómo funciona.

Lo aprendemos observando.

EMPEZAR TODAS LAS REUNIONES TARDE TAMBIÉN ES CULTURA

Imagínate que acabas de incorporarte a una organización.

Tienes una reunión a las 10:00.

A las 9:58 te levantas de tu mesa para ir a la sala, pero nadie más se mueve.

Esperas.

A las 10:03 alguien empieza a levantarse. Después lo hace otra persona. Finalmente, la reunión empieza a las 10:10.

La semana siguiente ocurre lo mismo.

Y es muy probable que, después de un tiempo, tú tampoco te levantes a las 9:58. Incluso puede llegar un momento en el que te sientas un poco ridícula siendo siempre la primera.

Nadie te ha dicho que allí las reuniones empiezan tarde.

Pero lo has aprendido.

Y, probablemente, terminarás reproduciéndolo.

Eso también es cultura.

LAS NORMAS NO ESCRITAS DE UNA ORGANIZACIÓN

Cuando una persona llega a una organización nueva, empieza rápidamente a observar qué ocurre a su alrededor.

¿Quién habla más en las reuniones?
¿Qué pasa cuando alguien propone algo diferente?
¿Cómo se reacciona ante un error?
¿Podemos decir abiertamente que no estamos de acuerdo?
¿Quién toma realmente las decisiones?
¿Qué comportamientos se permiten y cuáles se cuestionan?

Todas esas pequeñas situaciones nos ayudan a entender cuáles son las verdaderas reglas del juego.

Porque todas las organizaciones tienen normas no escritas.

Algunas generan dinámicas positivas: compartir información, pedir ayuda cuando la necesitamos, escuchar opiniones diferentes o reconocer los errores.

Otras quizá no tanto: llegar tarde sistemáticamente, evitar conversaciones incómodas, asumir que determinadas personas siempre tienen la última palabra o guardar silencio cuando no estamos de acuerdo.

Cuando esos comportamientos se repiten, terminan normalizándose.

Y cuando se normalizan, forman parte de la cultura.

LA CULTURA NO SOLO SE DEFINE, SE PRACTICA

Por eso, trabajar la cultura de una organización no consiste únicamente en definir unos valores.

También implica observar si nuestra forma de trabajar es coherente con ellos.

Cómo conversamos.
Cómo decidimos.
Cómo lideramos.
Cómo gestionamos los desacuerdos.
Cómo hacemos las reuniones.

Porque la cultura se construye cada día a través de pequeños comportamientos que, casi sin darnos cuenta, vamos aprendiendo y reproduciendo.

Así que quizá, para entender la cultura de una organización, podemos empezar por una pregunta muy sencilla

¿Qué aprende una persona nueva durante sus primeras semanas sin que nadie tenga que explicárselo

Puede que la respuesta nos diga mucho más de nuestra cultura de lo que imaginamos.