Desarrollo del liderazgo: ¿quién acompaña a quienes lideran equipos?
¿Qué espacios tienen estas personas para compartir sus propias dificultades, contrastar decisiones o pedir ayuda?
Pedimos mucho a las personas que lideran equipos.
Que consigan resultados, acompañen a sus equipos, gestionen conflictos, mantengan conversaciones difíciles y, además, impulsen cambios dentro de la organización.
A veces, todo en la misma semana.
Pero ¿qué espacios tienen esas personas para compartir sus propias dificultades, contrastar decisiones o pedir ayuda?
Según el informe State of the Global Workplace 2026 de Gallup, el porcentaje de responsables comprometidos con su trabajo cayó del 31 % en 2022 al 22 % en 2025, a escala mundial.
Es un dato que invita a preguntarnos: ¿estamos cuidando suficientemente a las personas de las que esperamos que cuiden y acompañen a sus equipos?
¿POR QUÉ EL DESARROLLO DEL LIDERAZGO NECESITA ALGO MÁS QUE FORMACIÓN?
Cuando hablamos de desarrollo del liderazgo, solemos pensar en aprender a dar feedback, gestionar conflictos, delegar o mejorar la comunicación.
Y todo eso es importante.
Pero liderar también implica enfrentarse a situaciones que no siempre tienen una respuesta clara.
¿Cómo abordar una conversación difícil? ¿Qué hacer cuando dos personas del equipo mantienen un conflicto? ¿Cómo acompañar un cambio que genera resistencias?
Son situaciones que difícilmente se resuelven aplicando una receta.
Por eso, el desarrollo del liderazgo necesita algo más que formación puntual: espacios donde reflexionar sobre lo que ocurre en el día a día, compartir experiencias y aprender de otras personas.
COMUNIDADES DE RESPONSABLES: APRENDER DE LOS RETOS COMPARTIDOS
Cuando trabajamos con grupos de responsables, vemos el valor que tiene reunir a personas que lideran equipos diferentes, pero comparten dificultades similares.
En estos espacios pueden hablar de situaciones reales, contrastar decisiones, escuchar otras perspectivas y descubrir cómo han afrontado sus compañeros y compañeras retos parecidos.
A veces, lo más valioso es poder decir:
«Esto no sé cómo abordarlo».
Y encontrar a otras personas que también se han hecho esa pregunta.
Eso es lo que buscamos con las comunidades de responsables: crear espacios de aprendizaje compartido donde quienes lideran puedan apoyarse, experimentar nuevas formas de trabajar y aprender de su propia experiencia.
Además, cuando estos encuentros tienen continuidad, las personas pueden poner en práctica lo aprendido en sus equipos y regresar con nuevas preguntas.
Esta forma de entender el desarrollo del liderazgo también está presente en nuestro trabajo con organizaciones como Egile, donde acompañamos a sus responsables mediante un proceso de formación continua.
LIDERAR NO DEBERÍA SER UNA TAREA SOLITARIA
Una comunidad de responsables no elimina los conflictos ni las decisiones difíciles.
Pero cambia algo importante: las personas dejan de tener que afrontarlo todo por su cuenta.
Quizá hemos dedicado demasiado tiempo a definir cómo debería ser un buen líder y menos a preguntarnos qué necesita para poder ejercer bien su papel.
La formación seguirá siendo necesaria. Pero también lo serán el acompañamiento, el aprendizaje entre iguales y los espacios para pensar juntos/as.
Tal vez el reto no sea pedir a las personas que sean líderes extraordinarios.
Tal vez sea construir condiciones razonables para que puedan liderar.
Fuente: Gallup, State of the Global Workplace 2026, p. 7.